Ralph Waldo Emerson solía decir: “Nada da más dirección a la vida que un gran conjunto de principios”. Él habló de la integridad, la lealtad y la honestidad como
tres de las características más importantes de todo triunfador.

Tu imagen es lo que los demás piensan que tú eres. La integridad es lo que verdaderamente eres. La integridad es siempre más importante que la imagen. Si de verdad deseamos efectuar cambios en nuestra manera de ser y actuar, no pretendamos lograrlos con pequeñas modificaciones cosméticas sin definir con claridad los principios que gobernarán nuestro andar.

Una personalidad encantadora no es todo lo que se necesita para construir exitosamente, es necesario ser íntegros. Y en esa integridad se encuentran los principios con los que actuamos; las ideologías que nos conforman y nos encaminan hacia una existencia llena de logros. Es ahí donde se halla la coherencia entre lo que hacemos y lo que en realidad somos. En esta historia encontrarás la coherencia entre lo que Anna Escobedo buscó ser siempre y de cómo cada acción que ejecutaba la llevaba a un mañana de mejores perspectivas. Después de la presidencia, la segunda posición más antigua en el gobierno federal de los Estados Unidos, es la tesorería. Anna Escobedo Cabral estampó su firma en los billetes y monedas del país y se convirtió para su familia y para quienes la conocen en un claro ejemplo de lo que significa lograr el Sueño Americano. Sus abuelos inculcaron en Anna el amor por ese país y por la libertad y oportunidades que ofrece. Anna nació en San Bernardino California y es la tercera generación de una familia de inmigrantes mexicanos que llegó a Estados Unidos con la esperanza de un mejor futuro. Las dificultades que debió enfrentar en su niñez, y ser testigo del dolor que la pobreza les causa a tantas familias y comunidades, moldearon su carácter y guiaron sus aspiraciones profesionales desde muy joven. Anna tuvo grandes responsabilidades por ser la mayor de la familia, debiendo cuidar de sus hermanos menores y ayudando con los oficios de la casa mientras su padre trabajaba en un restaurante y su madre en diferentes oficios.

Cuando su padre perdió el trabajo, después de quedar permanentemente incapacitado, debido a las múltiples operaciones de la espalda a las que fue sometido, tuvo la idea de montar su propio negocio. Era una empresa familiar. Anna cuenta que recogían electrodomésticos viejos y los desbarataban. Su padre vendía las partes metálicas como chatarra, un trabajo que no les reportaba más de $200 dólares mensuales. “Éramos muy pobres, vivíamos en un vecindario donde los jóvenes se mataban los unos a los otros, o se mataban ellos mismos con las drogas y otros vicios. Ese fue el medio en el cual yo crecí”.

A pesar de todo ello su padre siempre insistió en que sus hijos asistieran al colegio, su sueño era que ellos se graduaran de secundaria —algo que él y su esposa
nunca lograron—. Para Anna lo más importante era graduarse del colegio para conseguir un mejor trabajo y ayudar a su familia a salir de la pobreza. Las circunstancias que ella vivió no fueron impedimento para darse cuenta de que la educación rompía el ciclo de la pobreza pues no importan las circunstancias sino el carácter y la determinación con las que se cuentan para conseguir lo que se anhela. Y a pesar de todo lo que logró, Anna no olvidó a la profesora que siempre menosprecio su esfuerzo y muchas veces la trato de estúpida. Pero también recuerda: “A partir de ese momento tomé la decisión de no volver a permitirle a nadie que me hablara de esa manera y comencé a trabajar más duro que todos en la escuela”.

Sin embargo en la secundaria otro profesor, Philip Lamm, fue quien le ayudó a sobreponerse a sus propias dudas, a expandir su visión, así como a darse cuenta de todas las posibilidades que se encontraban frente a ella y de todo lo que podía hacer con su vida. “Él insistió en que llenara la solicitud para la universidad, fue hasta
mi casa y convenció a mis padres para que me dejaran continuar mis estudios”. De allí en adelante la universidad le abriría un horizonte distinto con valores y costumbres que la motivarían a descubrir un mundo de oportunidades que quizás sus familiares, amigos y conocidos del vecindario desconocían, sólo porque sus vidas giraban constantemente en un entorno donde la visión del mundo fue muy limitada.

“Nuestra visión siempre está delimitada por la perspectiva que nos ofrece el medio y nuestras experiencias.Recuerdo que cuando regresaba a casa después de terminar cada semestre de la universidad, durante las vacaciones, la gente en mi vecindario continuaba haciendo lo mismo que hacía antes de que yo partiera. Algunos jóvenes habían muerto como consecuencia de las drogas o la violencia”. En su segundo año de universidad conoció a Víctor Cabral, un estudiante de abogacía en la Universidad de California. Al poco tiempo ella se trasladó a la misma universidad y luego se casaron. A los 20 años tuvo su primer hijo. Y aunque por un tiempo se retiró de sus estudios para criar a sus hijos y aprovechó ese espacio para ayudarle a su esposo a administrar su oficina de abogados, regresó a la universidad y se graduó en 1987 en Ciencias Políticas, mientras sus cuatro hijos aún estaban pequeños.

Más tarde, cuando todavía tenía a su hijo menor muy pequeño, continuó estudiando y obtuvo su Maestría en Administración Pública con énfasis en Comercio Internacional y Finanzas en la Universidad de Harvard. Pero allí no terminó su empeño por completar su instrucción académica pues, al mismo tiempo que se desempeñaba como Tesorera del Estado y cumplía con
su apretada agenda de compromisos, decidió estudiar Leyes y se doctoró en el 2008, obteniendo el título en Derecho de George Mason University, Su éxito es una muestra del espíritu emprendedor de toda una familia que a través de varias generaciones logró demostrar que nada es imposible para quien tiene el carácter y la determinación de triunfar sin importar
las circunstancias. Porque Anna, fiel a sus principios, actuó para hacer realidad una serie de anhelos, sin desviarse de sus ideales.

Para lograr el éxito en cualquier actividad que uno se proponga es necesario conocer nuestros valores y principios y permitir que ellos nos guíen. “Yo crecí en un mundo en donde era etiquetada como mejicana a pesar de haber nacido en Estados Unidos. En las décadas siguientes la comunidad latina experimentó grandes cambios y yo me convertí en méjico-americana. Después pasé a ser chicana, luego hispana y por último latina. Y todos estos rótulos de alguna manera se aplican a mí. Ellos me permiten tener siempre presente mi
cultura, identidad, costumbres, creencias, experiencias y, sobre todo, las contribuciones realizadas por mis antepasados”. El pasar de recoger latas de aluminio en las calles
para revenderlas a ser la tesorera de la mayor potencia en el mundo es un tributo al espíritu de abundancia que nos da a los seres humanos la opción de enfocarnos en las fortalezas en lugar de permitir que las circunstancias definan y limiten el futuro. En la actualidad, Anna Escobedo, se desempeña como Jefa de la Unidad de Comunicaciones con los Accionistas en la División de Relaciones Exteriores del Banco Interamericano de Desarrollo.