El Exito
El Exito

Fragmento del libro: La Regla de Diamante de Nate Booth y Steve Price

El momento más memorable en 2.500 años de historia en el comercio de diamantes, estaba a punto de ocurrir: el corte del gigantesco diamante Cullinan. La fecha: 10 de febrero de 1907. El sitio: Ámsterdam, Holanda. El trabajo del experto diamantista, Joseph Asscher, era dividir el Cullinan de tal forma que maximizara su valor. Esa no era una tarea fácil. En un diamante del tamaño del Cullinan, un mal corte podía
reducir el valor en ¡cientos de millones de dólares! ¿Hablamos de presión?

El experto diamantista presionó su punzón de acero contra la gigantesca gema, levantó su mazo sobre su cabeza. Y tan pronto como un aliento de sobresalto, ¡el mazo golpeó el acero con un golpe seco! Los testigos parpadearon al tiempo con el impacto, luego se inclinaron rápidamente para examinar el destino del diamante más grande del mundo. Observaron detenidamente el quebrado Cullinan con asombro. Joseph Asscher, el experto diamantista, había reafirmado su reputación. El más grande diamantista del mundo había separado a la perfección el diamante más grande del mundo.

La más grande gema de todos los tiempos

Cuando se completó toda la talla y el pulimiento, “la gema más grandiosa de todos los tiempos” produjo los dos diamantes tallados más grandes del universo: Cullinan I y II. Esas y siete otras de las piedras más grandes provenientes del Cullinan se convirtieron en parte de las joyas de la Corona Británica. El Rey de Inglaterra ordenó que el Cullinan I fuera añadido al cetro real. Y el Cullinan II fue puesto
en la parte frontal de la Corona Real.

Si no hubiera sido por la habilidad del experto diamantista Joseph Asscher, la historia del diamante Cullinan habría sido muy diferente. Pero Asscher aceptó el reto. Al poner en práctica sus habilidades y conocimiento, sacó lo mejor del Cullinan, transformándolo de un asimétrico trozo de piedra de color lechoso que pesaba una libra y media a 107 gemas perfectas aptas para la realeza.

Cortar diamantes es muy similar a construir relaciones

El trabajo del experto diamantista es aumentar el valor de un diamante en bruto al sacar sus mejores cualidades naturales. Mira, los expertos diamantistas practican la “Regla de diamante”: ellos buscan descubrir la singularidad inherente en cada diamante en bruto, y luego extraen su máximo valor al cortarlo y darle forma según la veta natural en lugar de hacerlo en contra de la misma.

Cuando piensas en eso, cortar diamantes es muy similar a construir relaciones. Las relaciones comienzan como “diamantes en bruto”. Como los diamantes, cada persona es única y tiene su propia y única “veta”. Los expertos en construir relaciones reconocen la singularidad de la veta de cada persona y luego extraen lo mejor de su relación al trabajar según la veta, en lugar de hacerlo en su contra.

La “Regla de diamante” y las relaciones

La “Regla de diamante” se aplica a la construcción de relaciones
de la misma manera como se aplica al corte de diamantes. Todos hemos
escuchado de la “Regla de oro”: “Trata a los demás como quieres
que te traten”. Esta es una gran regla.

Pero la “Regla de diamante” es aún mejor. Ella dice: “¡Trata a los demás de la manera exclusiva como ellos quieren ser tratados!” Así como una libra de diamantes es mucho más valiosa que una libra de oro, ¡la “Regla de diamante” también es mucho más valiosa que la “Regla de oro”! ¿Por qué? Porque la “Regla de diamante” está diseñada para reconocer y honrar la singularidad de cada ser humano. Y cuando aprendemos a hacerlo, ¡el valor de nuestras relaciones aumenta vertiginosamente!

Cuando practiques la “Regla de diamante” en todas tus relaciones, desarrollarás el “Toque del diamante” de un experto diamantista. Y cuando tengas dicho toque, sabrás exactamente qué decir y hacer para fomentar entendimiento, facilitar cooperación, aumentar la armonía, incrementar la lealtad, y engendrar confianza en todas tus relaciones. Como consecuencia, disfrutarás de mayor éxito en tus negocios,
más amor en tu familia y más alegría en tu vida. ¡Ese es el poder de practicar la “Regla de diamante”!

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