El Exito
El Exito

Cuando llegó el jueves, todos los estudiantes estuvieron presentes a la hora indicada. Aunque nunca lo hubiesen admitido en presencia del profe, la verdad es que la mayoría comenzaba a sentir cierto entusiasmo por ser parte del proyecto. Y pese a que el comienzo fue algo espinoso, la realidad era que el profe Willy estaba probando ser un tipo “cool”. Así que ahora aguardaban con entusiasmo la historia de la vaca que les había prometido en la reunión anterior, y algo les decía que el de hoy, tampoco sería un encuentro habitual.

Escalante, que había llegado una hora antes, dispuso las sillas a manera de teatro, e inclusive logró que las personas encargadas de la utilería del colegio colocaran una tarima en la parte delantera del salón, desde donde se disponía a contar la historia. Una vez que todos tomaron asiento, bajó un poco la intensidad de la luz, y sin mayores preámbulos comenzó:

“Señoras y señores, damas y caballeros, puesto que lo prometido es deuda, ahora quiero contarles la feliz y trágica historia de la vaca”, dijo en una espectacular imitación de presentador de circo.

Los chicos se sintieron lo suficientemente intrigados como para olvidar que, de no ser por esta nueva actividad que les había sido asignada, estarían en casa, terminando sus deberes, entretenidos con sus videojuegos, hablando por teléfono, “textiando” con sus amigos o mirando televisión.

Escalante continuó:

“La historia cuenta que en cierta ocasión un viejo y experimentado maestro deseaba enseñar a uno de sus jóvenes estudiantes los secretos para vivir una vida próspera y feliz. Sabiendo los muchos obstáculos y dificultades que enfrentan los seres humanos en su búsqueda por la felicidad, él pensó que la primera lección que su discípulo necesitaba aprender, era entender la razón por la cual muchas personas viven atadas a una vida de conformismo y mediocridad. 

‘Después de todo’, pensaba el maestro, ‘muchos hombres y mujeres parecen incapaces de sobreponerse a los obstáculos que les impiden alcanzar el éxito y terminan viviendo vidas apenas tolerables’. Él sabía que para que alguien pudiera entender esta importante lección, debía ver por sí mismo qué sucede cuando permitimos que la mediocridad gobierne nuestra vida. Por esta razón decidió que aquella tarde saldrían en busca de una de las poblaciones más pobres de la provincia. Después de caminar un largo rato, encontraron el vecindario más triste y desolador de toda la región. Sus habitantes parecían haberse resignado a su suerte, permitiendo que la pobreza se adueñara de sus vidas.

LA VACA PARA JÓVENES

Una vez allí, el maestro le pidió al joven que identificara la más pobre de todas las viviendas —el propósito que los había llevado a ese lugar, requería que aquella fuera su morada esa noche—. Después de mucho caminar, los dos hombres llegaron a las afueras del pueblo y justo ahí, en la parte más alejada de un pequeño caserío, en medio de un terreno baldío, se detuvieron ante la casa más abandonada y desvencijada que habían visto hasta entonces. 

La casucha, a punto de derrumbarse, sin duda alguna pertenecía a la más menesterosa entre las familias del vecindario. Sus paredes se sostenían en pie de milagro, aunque amenazaban con venirse abajo en cualquier momento. Y mientras el improvisado techo dejaba filtrar el agua por todas partes, la basura y los desperdicios se acumulaban a su alrededor dándole al lugar un aspecto aún más desagradable y decadente. 

El dueño, un tanto alarmado por la presencia de los dos forasteros, salió a su encuentro. 

‘¡Saludos buen hombre!’, dijo el maestro. ‘¿Será posible para dos cansados viajeros encontrar posada en su hogar esta noche?’” 

Los chicos rieron al ver que Escalante cambiaba el tono de voz para darle una identidad particular a cada uno de los personajes de la historia.

“‘Hay poco espacio, pero son bienvenidos si no les importa la incomodidad’, respondió el dueño. 

Cuando entraron al lugar, la sorpresa de los viajeros fue aún mayor al ver que en esa casucha de apenas diez metros cuadrados, el padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos, se las arreglaban para acomodarse de cualquier manera. 

Sus ropas viejas y remendadas, y la suciedad que ceñía sus cuerpos, eran clara evidencia de la profunda miseria que ahí reinaba. Sus miradas tristes y sus cabezas bajas, eran señal que la pobreza no sólo se había apoderado de sus cuerpos, sino que también había encontrado albergue en su interior. 

Los dos visitantes escudriñaban atónitos cada centímetro de espacio, tratando de descubrir cualquier objeto de algún valor en medio de la indigencia total que parecía haberse adueñado de la morada. 

¡No había nada! 

Sin embargo, al salir nuevamente de la casa descubrieron cuán equivocados estaban. Para sorpresa suya, en medio de este estado de penuria y dejadez total, la familia contaba con una posesión… podríamos decir… extraordinaria, bajo tales circunstancias: ¡eran dueños de una vaca!”

Tras decir esto, Escalante, sacó de atrás del escritorio la silueta de una vaca hecha de cartón, casi de tamaño real, pintada de blanco con manchas negras, y la recostó contra el tablero.

Los jóvenes, que hasta ese momento habían permanecido fascinados por la representación de la historia, rieron al ver la vaca, pero poco a poco fueron recobrando el orden y la compostura. Algunos recordaron la mención que el profe Willy hiciera la semana anterior cuando dijo que todo lo que había escuchado de ellos eran excusas. Entonces, él se había referido a ellas como “vacas”.

“El animal no era gran cosa”, continuó el profe Willy, levantándolo por las orejas, “pero la vida de aquella familia parecía girar en torno a él: ‘Hay que darle de comer a la vaca’, ‘asegúrese que la vaca ha bebido suficiente agua’, ‘¿está atada la vaca?’, ‘es hora de ordeñar la vaca’. Ciertamente, el popular animal jugaba un papel de gran preponderancia en la vida diaria de sus dueños, a pesar que la escasa leche que producía, a duras penas era suficiente alimento para sobrevivir. 

No obstante, la vaca parecía servir a un propósito mucho mayor: era lo único que los separaba de la miseria total. Y en un lugar donde el infortunio y la escasez eran el pan de cada día, tal posesión les había hecho ganar tanto el respeto como la envidia de sus vecinos”.

En seguida Escalante, desencarnándose brevemente de su papel, miró a sus estudiantes y en tono inquisitivo dijo: “Ustedes saben a qué me refiero, ¿no es cierto?”

“¿A que ellos estaban satisfechos con su vaca, a pesar de su pobreza, porque sentían que por lo menos algo tenían?”, respondió Julia, sin pensar que a lo mejor la pregunta había sido uno de esos cuestionamientos hipotéticos que el profe Willy solía hacer, para los cuales no esperaba una respuesta.

“¡Exactamente!”, respondió Escalante, comprobando que su audiencia estaba entendiendo el mensaje. “Ellos no hubieran pensado tan siquiera en quejarse. Después de todo, su vaca, de por sí ya era mucho más de lo que sus vecinos podían aspirar a tener. Seguramente si ellos se hubieran quejado de su miseria, no hubiese faltado quien les dijera: ‘no te quejes, que por lo menos tienes tu vaca’, o ‘no seas malagradecido, ya otros quisieran tener la vaca que tú tienes’”.

“En otras palabras”, agregó Richard, “para ellos, más importante que la escasa leche que les proporcionaba la vaca, era el hecho que tenerla los hacía sentir que no eran tan pobres como los demás, así que no debían estar tan mal como parecía”.

“¡Muy bien!”, respondió el profe, “¡está usted pensando señor Romero! Pero continuemos con nuestra historia”.

“Pues allí, en medio de la suciedad y el desorden, los dos viajeros pasaron la noche.

Al día siguiente, muy temprano, asegurándose de no despertar a nadie, se dispusieron a continuar su camino. Después de darle una última mirada a aquel lugar, tratando de llevarse consigo una imagen mental de la desolación de la cual estaba siendo testigo durante esta corta estadía, el joven estudiante abandonó la morada sin estar seguro de haber aprendido lo que su maestro había querido enseñarle. No obstante, antes de emprender la marcha, él le dijo en voz baja: ‘Es hora que aprendas la lección que nos trajo a estos parajes’. 

Después de todo, lo único evidente hasta ahora eran los resultados de una vida de conformismo y mediocridad, pero aún no estaba del todo claro para el joven cuál era la causa que había originado tal estado de abandono. Esta era la verdadera lección, el maestro lo sabía y había llegado el momento que su joven discípulo la aprendiera”. 

El profe Willy, que a esta altura se encontraba en una esquina de la sala a unos tres metros de la figura de la vaca, comenzó a caminar despacio hacia ella mientras decía:

“Lentamente, el anciano caminó en dirección al lugar donde se encontraba atado el animal, a no más de cincuenta metros de distancia de la vivienda, y allí, ante la incrédula mirada de su discípulo, y sin que este pudiera hacer nada para evitarlo, súbitamente sacó una daga que llevaba en su bolsa y con un movimiento rápido y certero, proporcionó al animal una mortal herida que ocasionó que éste se derrumbara instantáneamente y sin hacer mayor ruido”. 

Diciendo esto, Escalante tumbó la silueta de la vaca, que ahora yacía en el suelo ante la mirada atónita de su sorprendida audiencia. Ninguno se atrevió a moverse ni a proferir palabra alguna.

“¿Qué has hecho maestro?”, prosiguió el profe Willy, susurrando las palabras del mozuelo de la historia, que angustiadamente se contenía para no despertar a la familia.

“¿Qué lección es esta que deja a una familia en la ruina total? ¿Cómo has podido matar esta pobre vaca que era su única posesión? ¿Qué sucederá con ellos ahora? 

Sin inmutarse ante la preocupación y angustia del muchacho y haciendo caso omiso de sus interrogantes, el anciano se dispuso a continuar su marcha. 

Así pues, dejando atrás tan macabra escena, maestro y discípulo partieron. El primero, aparentemente indiferente ante la suerte que le esperaba a esa pobre familia por la pérdida del animal; el segundo, angustiado ante la certidumbre que al morir la vaca, seguramente también habían sentenciado a muerte a sus dueños. 

Durante los días siguientes, al joven le asaltaba una y otra vez la nefasta idea de haber sido cómplice en el cruel destino que sin duda les aguardaba a esas personas que los habían acogido con tanta amabilidad. ¿Qué otra suerte podían correr después de haber perdido su única fuente de sustento? 

Y así fue como esta familia debió comenzar una nueva etapa de su vida enfrentando la posibilidad de una miseria aún mayor”. 

Escalante hizo un alto, tomó un sorbo de agua y caminó en silencio alrededor del perímetro del salón, permitiendo que todos absorbieran los detalles de la primera parte del relato y luego prosiguió:

“La historia cuenta que, un año después, una tarde el maestro llamó al joven a su lado y le sugirió retornar nuevamente por el paraje a ver qué había ocurrido con la familia. La sola mención del macabro episodio —aparentemente olvidado— fue suficiente para avivar en el muchacho los recuerdos de un suceso que, aún después de todo este tiempo, no había comprendido totalmente. 

Una vez más pasó por su mente el siniestro papel que su complicidad había jugado en la infeliz suerte de esa pobre gente. ¿Qué les habría ocurrido? ¿Sobrevivieron al duro golpe? ¿Pudieron empezar una nueva vida? ¿Cómo los encararía nuevamente después de lo sucedido? A regañadientes aceptó, y a pesar de todas las dudas que pesaban en su corazón emprendió el regreso a aquel lugar en compañía de su maestro.

Después de varios días los dos viajeros llegaron de nuevo al caserío, pero sus esfuerzos por localizar la empobrecida vivienda fueron vanos. El lugar parecía ser el mismo, pero donde un año atrás se encontrara la desvencijada casucha, ahora se levantaba una vivienda grande que, aparentemente, había sido construida hacía poco. Se detuvieron para observarla a la distancia, asegurándose que se encontraban en el mismo lugar. 

Lo primero que cruzó por la mente del joven fue el presentimiento que la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado duro para sus moradores. Muy probablemente, estos se vieron obligados a abandonar el lugar y otros propietarios, con mayores recursos, se adueñaron del terreno y construyeron una mejor vivienda. 

¿Adónde habría ido a parar esa pobre familia? ¿Qué pudo haber pasado con ellos? Quizás fue la pena moral la que los doblegó. Todo esto pasaba por su mente mientras se debatía entre el deseo de acercarse a la nueva vivienda para indagar por la suerte de los antiguos moradores, o continuar su viaje y así evitar la confirmación de sus peores sospechas. 

Cuál no sería su sorpresa cuando del interior de la casa vio salir al mismo hombre que un año atrás les había dado posada. En un comienzo el muchacho pareció no reconocerlo. Sin embargo, era claro que se trataba de la misma persona, a 46

LA VACA PARA JÓVENES

pesar que su aspecto era totalmente distinto. Sus ojos brillaban, vestía ropas limpias, estaba aseado y su amplia sonrisa dejaba ver que algo significativo había sucedido. 

No daba crédito a lo que veía. ¿Cómo era posible? ¿Qué habría acontecido en tan corto tiempo? Rápidamente, el joven se dispuso a saludarle y sin demora procedió a indagar qué había sucedido para cambiar su suerte de tal manera. 

‘Hace un año, durante nuestro breve paso por aquí’, dijo el muchacho, ‘fuimos testigos de la inmensa pobreza en la que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió durante este tiempo para que todo cambiara?’ 

Ignorante del papel que ellos habían jugado en la muerte de su vaca, el hombre los invitó nuevamente a su casa, donde se dispuso a relatarles los pormenores de una historia que cambiaría para siempre su vida. Les contó cómo coincidió que el mismo día de su partida, algún maleante, envidioso de su escasa fortuna, degolló salvajemente al desdichado animal. 

‘Debo confesar’, continuó el hombre, ‘que nuestra primera reacción ante la muerte de la vaca fue de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la leche que producía había sido nuestra única fuente de sustento.

Sin embargo, poco después de aquel trágico día, nos dimos cuenta que, a menos que hiciéramos algo rápidamente, nuestra propia vida estaría en peligro. Necesitábamos buscar otras fuentes de alimento para nuestros hijos, así que limpiamos el patio de la parte de atrás de la casucha, conseguimos algunas semillas y sembramos hortalizas y legumbres para alimentarnos. 

Pasado algún tiempo, nos dimos cuenta que la improvisada granja producía mucho más de lo que necesitábamos para nuestro propio sustento, así que decidimos venderle algunos vegetales que nos sobraban a nuestros vecinos, y con esa ganancia compramos más semillas. Poco después vimos que el sobrante de la cosecha alcanzaba para venderlo en el mercado del pueblo. 

‘¡Y de repente sucedió!’ Exclamó con gran alegría. ‘Por primera vez en nuestra vida tuvimos el dinero suficiente para comprar mejores vestimentas. Al poco tiempo decidimos derrumbar el rancho en que vivíamos y construir esta casa. Así, poco a poco, este año nos ha traído muchos éxitos que no esperábamos. Es como si la trágica muerte de nuestra vaca, hubiese abierto las puertas de una nueva vida’”. 

Aún personificando su papel, Escalante, caminó hacia la puerta, subió la intensidad de la luz y se volvió rápidamente hacia el grupo.

Nadie se movió de su sitio, no hubo acomodos súbitos o ademanes de afán. Escuchaban fascinados el increíble relato del hombre de la historia.

Finalmente, entendieron la lección que el sabio maestro quiso enseñarle a su discípulo. Era obvio que la muerte del animal, lejos de ser el final de aquella familia, como algunos de ellos habían pensado, había sido el principio de una vida de nuevas y mayores oportunidades.

3 thoughts on “La feliz y trágica historia de la vaca

  1. Gracias a Camilo cruz ,escucho sus audio cada dia y me han serbido de gran ayuda en lo personal y para mi negocio de mlm que desarrollo y compartirlo con mi equipo,tengo gran respecto y admiracion por ud sr cruz,gracias.

  2. Hola soy Elvis de Honduras de 29 años tengo proyectos a largo y corto plazo en cuanto a mi vida profesional y financiera, aun no me he graduado en la universidad pero estoy a la mitad de la carrera, yo soy de las personas que me fascina la lectura, he leído el libro la Vaca y otros similares como el Rinoceronte 1 y 2. Estoy tratando de salir del hoyo de la pobreza y de la dependencia de un trabajo, resulta ser que me sucedieron una serie de cosas este año 2013 en el cual todo se combino para que prácticamente me declarara en bancarrota; para comenzar tengo 2 hijas, una de ellas ya esta en la escuela la cual es privada por la oportunidad que le quiero dar de que aprenda ingles temprano, mi esposa tenia 13 años de trabajar en una empresa confeccionadora de ropa como operaria lo cual me parecía ya demasiado tiempo lo que podía provocar alguna enfermedad profesional, le dije que renunciara y con el dinero de sus prestaciones sociales terminaríamos de pagar el carro y poner un pequeño negocio y ella renuncio, antes de eso mi cuñado me había chocado el carro lo cual me costo un total de $ 2400, pero mi cuñado nunca me ayudo a saldar ese gasto, lo cual me toco a mi y a mi esposa con el dinero que le dieron de prestaciones, entonces decidimos solicitar un préstamo para poder iniciar el negocio planeado, pero aun debíamos parte del vehículo lo cual nos arriesgamos (mala decisión a futuro), lo cual empezamos a vender abarrotes, en un lugar que creíamos nos resultaría satisfactorio lo cual no resulto así, para agrandar mas la situación yo tuve grandes problemas en mi trabajo los cuales no puedo mencionar y me vi obligado a renunciar y el dinero lo utilice para poder cancelar algunas deudas y terminar de sacar el vehículo del taller pero aun así siempre quede con deudas y tanto yo y mi esposa sin trabajo solo con las esperanza del pequeño negocio pero que no me da la solvencia para seguir pagando el préstamo añadido al diario vivir, y pensar que mi hija tengo que matricularla en la escuela para que pueda seguir con su plan bilingue. Ante esta situación que estoy pasando hemos decidido junto con mi esposa buscar trabajo pero aquí en Honduras es bien complicado conseguir para poder salir de la crisis y poder replantear nuestro rumbo, he pensado hasta en vender el vehículo para poder saldar alguna parte y matricular a mi hija.Que me pueden aconsejar ustedes que son expertos en la materia, ya que tengo planes personales y familiares. Esperare en mi correo sus consejos, ya que estas si que no son excusas, sino una serie perfecta de combinaciones trágicas a mi vida, lo cual me tiene con una deuda y sin trabajo.

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