Todos anhelamos cumplir metas. Nos hemos preguntado alguna vez: ¿de qué manera debo formular mis objetivos? Comencemos por lo más sencillo, las cosas que deseo lograr se deben plantear de manera positiva. Un propósito formulado con ambigüedades, palabras inexactas, términos miedosos, no lleva a ningún lado.

Pongamos un ejemplo: “Si ahorro una parte de mi sueldo, para dentro de un año quizás tenga un millón de pesos”. Hay que especificar, hay que plantear el objetivo en términos racionales. ¿Cuánto gano?, ¿Cuánto gasto?, ¿Cuánto puedo ahorrar? Por una parte, debo fijar una cantidad exacta para obtener lo que quiero; por otra debo eliminar de mi formulación palabras como: quizás. Expresiones como estas desde el comienzo albergan duda y miedo e impiden la consolidación de la acción.

Una meta no puede estar llena de excusas que la invaliden, frases o ideas populares conducentes a evitar persistir. Como ejemplo: “Lo que es para uno es para uno”. Esa es una frase resignada e implica una aceptación sin lucha ante las circunstancias. A muchas personas con discapacidades les han dicho que algunos empleos no son para ellos. ¿Cuántas de estas personas nos han demostrado que el punto era esforzarse?

Hay tantos paradigmas que ilustran esta argumentación. Deseo tocar un instrumento y soy yo el primero en decirme: “Es que yo para eso no nací”. Y resulta que uno ve que tocan instrumentos personas sin brazos. ¿Quién se puso el límite? ¿Quién se declaro perdedor desde el comienzo? La ley del menor esfuerzo, suele ganar muy fácil demasiadas batallas, porque ni siquiera permite que la lucha comience.

Debo declararme ganador, debo convencerme de que es posible, debo creer en mí mismo. En el podio de los campeones no suele verse a los que se sentaron a llorar y se dedicaron autocompadecerse a sí mismos. Detrás de los triunfos hay historias de constancia y el deseo principal fue ganar. Sí, ganar, para sí mismo y competir contra el fuerte deseo de quedarse ante las mismas circunstancias que suele ser tan poderoso. Ganar no implica ni avasallar ni aplastar, significa romper con una serie de costumbres que nos tienen en el mismo punto y no nos permiten progresar.

La actitud poco positiva, las frases miedosas, la angustia, la autocompasión, detienen y oscurecen un panorama en el que al final de este, hay para ti un listón de ¡Ganador! Encárgate de luchar por él.

Editado: Ana Patricia Caicedo Cox