Cuando alguien está enamorado suele decir cosas como mi vida yo haría cualquier cosa por ti´, sin darse cuenta exacta del significado de estas palabras. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por amor?
La frase aquella “loco o loca de amor” refleja este sentimiento que arrebata de tal manera a las personas que son capaces de cometer cualquier locura cuando se encuentran bajo el efecto avasallador del flechazo lanzado por Cupido. Realizan cosas que no harían normalmente, para atraer al hombre o la mujer que les gusta o para que su pareja siga en la relación. ¿Pero dónde está el límite entre lo absurdo aunque inofensivo, y lo destructivo?

Hay ciertas cosas muy importante que podemos hacer por amor y que ni siquiera se nos ocurren, por ejemplo ¿qué tal si nos sinceramos con nuestra pareja? Ofrecer honestidad puede ser una gran prueba de amor.

Muchas veces caemos en el error de no expresar con sinceridad nuestros sentimientos a la persona que queremos por miedo a ser mal interpretados o por no parecer débiles y lo que conseguimos es crear un vacío en nuestra relación. Si hubiera una palabra mágica que defina la situación ideal para que una pareja funcione, sin duda sería LIBERTAD con mayúsculas, querer a una persona no es poseerla, cercarla o pretender que sea un añadido de nosotros mismos.

Las parejas que mejor se llevan o que más tiempo duran son aquellas que han aprendido a dejar un espacio libre entre ambos. No es fácil llegar a este punto sin fricciones ni problemas, pero vale la pena intentarlo. En esa libertad, está poder discutir sobre diferentes temas y exponer lo que nos gusta o deseamos de nuestra pareja, pero ¡cuidado!, en la expresión de ese deseo o necesidad no debemos traspasar una línea que la convierta en una orden, porque ahí estaríamos vulnerando la libertad del otro de negarse por los motivos que sean, tan válidos y respetables como los nuestros.

Hay que llegar a un equilibrio entre lo que damos y recibimos, ninguno de los dos debe sentirse en situación de subordinación ni de excesivo halago por parte del otro porque ahí se cae en una desproporción que acaba suponiendo una carga. Es bueno enfadarse de vez en cuando, liberar la rabia que sentimos hacia una situación o hacia nuestra pareja cuando no se comporta como queremos o esperamos.

Una liberación dosificada de sentimientos no es negativa, pero debemos siempre controlar esas descargas. Si podemos exteriorizar lo que nos perturba o molesta, podremos arreglarlo con más facilidad al compartirlo. Después de un enfado, de una situación tensa con descarga de adrenalina, nuestro cuerpo es capaz de relajarse y escuchar o analizar el origen del enfado. ¿Pensó alguna vez que enfadarse pueda ser algo que hacemos por amor?