El Exito
El Exito

March 24th, 2017
Palabra clave: ACTITUD

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Un periodista me preguntó una vez, cómo yo había podido mantenerme con mi cabeza en alto cuando mi hijo y yo estábamos desamparados sin una vivienda. Él quería saber cómo me había sobrepuesto a la vergüenza. Mi respuesta inmediata fue: “Espera un momento, estábamos sin vivienda, no sin esperanza”.
Él se sorprendió y no podía entender cómo eso era posible, ni siquiera cuando yo resalté que el estado de necesidad nunca define quiénes somos. Mi actitud ante esto fue que era una situación solamente temporal, una en la cual se me había dado la oportunidad de cambiar, en el momento en que yo decidí prepararme para mejorar mis habilidades en el campo de trabajo que había elegido. Pero ciertamente, tuve que admitir, que lo que fue difícil, fue el estar consciente que mi hijo y yo habíamos entrado a ser una clase de gente invisible, aún entre la misma gente sin hogar – como lo son las familias trabajadoras pero desamparadas. La realidad es que, el convertirte en invisible se suma al peso de la soledad, de pensar que nadie puede entender tu situación excepto tú. Eso hace más pesado el equipaje que sólo tú puedes cargar para mejorar tu situación.
Ya sea que estas circunstancias te hayan desafiado personalmente, o a alguien que conozcas, la lección que tenemos al frente nos enseña cómo comenzar en donde estamos, aún en momentos de crisis, si es que estás afrontando alguna. Después de todo, según mi experiencia, todos estamos en esto juntos. Sólo para ser claro, déjame definir lo que es un sujeto trabajador en la primera década del siglo veintiuno. Si no tienes una posición de mando en cuanto a la forma en que te sostienes para ganarte la vida – o tienes participación en ello – entonces eres un “sujeto trabajador”. Déjame darte un ejemplo: Si no estás en el Forbes 400, eres un “sujeto trabajador”- porque no estás en una posición de autoridad y con el empleo que tienes puedes ser reducido, despedido, o subcontratado en cualquier momento. Puedes mejorar tus opciones como jugador participante – convirtiéndote en un accionista o corredor de bolsa. O puedes ser un peón. Cualquier posición que decidas ocupar, estará determinado por tu actitud.
Entonces, ¿Cómo fue que mi hijo y yo fuimos capaces de resguardarnos de la indigencia sin sumergirnos en la impotencia ni en la desesperanza? La respuesta a eso me fue presentada en una de las lecciones de vida más importantes que mi madre trató de imprimirme. Es una que a veces he olvidado, particularmente cuando me siento alarmado, que dice que es más lo que no se ha hecho para remediar el sufrimiento que nos rodea, que puede convertirse en contagioso. En esos casos, puedo casi escuchar la voz de mi madre preguntándome: “Bueno hijo, si te sientes tan decidido, ¿por qué tú no haces algo al respecto?”
Esta lección era fácil desde la tribuna, pero era mucho más difícil de aplicar en forma concreta durante las situaciones que vinieron en los años siguientes – cuando me hallé a mí mismo poniendo mis ilusiones en una caballería ilusoria. Por eso cada vez, que he visto nuevamente al horizonte y observo una nube de polvo, y escucho el sonido de los caballos que se acercan, se convierte en mi propia versión de que lo que realmente se acerca, es la pandilla con más chicos malos – ¡lo cual significa que las cosas se van a empeorar!
Eventualmente, la realidad es que ninguna caballería es enviada a ninguno de nosotros, los chicos buenos, sin importar qué tan merecedores podamos ser de esa ayuda. Permíteme ser claro en cuanto a las opciones que existen para todos los héroes solitarios. De una parte, tienes la opción de culpar a los chicos malos y sentirte tan deprimido y acabado como te plazca, aunque eso no va a alimentarte, ni a ti, ni a tus seres amados. La otra opción es ponerte a la altura de la situación y convertirte en tu propia caballería.
¿Cómo hacemos eso? El primer paso, según lo he aprendido, es reconocer en dónde estoy y cómo llegué allá. Nueve de diez veces, frente a circunstancias extenuantes, he llegado a la conclusión que, donde sea que me encuentro, llegué allí porque eso elegí. Si, puedo referirme a los factores externos fuera de mi control y culparlos por mis aprietos, o sacar excusas acerca del por qué las cosas no funcionaron como debieron, especialmente si nadie se propuso ayudarme. De pronto todo eso es cierto. Pero eso no cambia dónde estoy. Sólo mediante la reflexión: “Oye, aquí es donde estoy, y estoy aquí porque hasta aquí traje mi caballo”, puedo hacer la siguiente elección para conducir hacia un nuevo amanecer en el cual realmente quisiera estar. O, como adapté esta versión con la terminología del siglo veintiuno: “Estoy aquí, porque manejé hasta aquí”. Ahora es cuestión mía, y de nadie más, cambiar de dirección y manejar hasta un lugar mejor.
Tú puedes observar que la aplicación más fácil de esta lección es hacer un inventario para ver qué tan bien has confesado dónde estás y cómo legaste allá. Puedes empezar por preguntarte a ti mismo lo que yo te voy a preguntar: “¿Dónde estás ahora?”
¿Estás en un camino en el cual te sientes esperanzado? ¿Estás en un lugar en el cual te sientes golpeado por distintas corrientes? ¿Tienes un plan para seguir adelante? ¿Dónde estás personal, profesional, emocional y físicamente? ¿Es ahí donde quieres estar, debes estar y puedes estar? Y lo más importante, ¿es ahí donde necesitas estar?
Si puedes contestar que si a todas estas preguntas, puedes contarte entre los bendecidos. Si no estás seguro, analiza cómo te sientes con respecto a dónde estás. ¿Te sientes dispuesto a dirigirte a donde quieres, pero no tienes medio de transporte? ¿Estás varado a la puerta de la entrada esperando que alguien te asista? ¿Estás actuando como una estrella de rock pero sientes como que todo se mueve muy rápido? ¿Quieres pararte en los frenos y bajarte en la siguiente parada? ¿O estás abierto a la posibilidad que puedas aprender todo lo que necesitas sobre la situación en que te encuentras? En cualquier caso, puede que te sirva de aliento saber que tus sentimientos son los mismos de otros que se sienten igual a como te estás sintiendo.
Si miras hacia tu propia desorientación y luego te haces la pregunta crucial: “¿Cómo llegué aquí?” aún si no programaste tu sistema de posicionamiento global, (GPS) con este rumbo y prefieres estar en cualquier lugar menos este, te estarás moviendo hacia una posición más adecuada con esta lección, si tú también logras admitir que, “¡Bueno, está bien!, ¡Si!, ¡Yo manejé hasta aquí!”.
Y si todavía no estás en la posición de responsabilizarte por la situación en que te encuentras, de pronto puedas beneficiarte de algunos ejemplos de personas que todavía están culpando a la pandilla de los chicos malos o esperando por la caballería.
Por último, debería mencionar el consejo que dice que los hábitos del pensamiento con frecuencia toman más tiempo en cambiar que los hábitos que conforman la conducta. La clave está en comenzar y permitir que el inicio de la acción, cree el impulso. Esa no es una opinión, pues dicho sea de paso, es una ley de la Física.

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