El Exito
El Exito

March 23rd, 2016
2. VIVE EL GRAN SUEÑO

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Fragmento del libro Vive el gran sueño 

EL ASOMBROSO PODER DE UN SUEÑO

Ves cosas y dices, “¿por qué?”
Pero yo sueño cosas que nunca han existido y digo: “¿por qué no?”
—George Bernard Shaw

Si el dinero no fuera un obstáculo, ¿qué tan diferente sería tu vida? ¿Qué le darías a tu familia que no puedes darle ahora? ¿Qué tipo de auto conducirías? ¿A dónde irías de vacaciones? ¿A quién ayudarías? ¿En qué ocuparías tu tiempo?

Para ser honesto, cuando tuve la idea de que podía ser un empresario independiente, ¡estaba muy emocio- nado! Pero aun así se me hizo difícil la idea de tener un sueño para mi futuro.
Durante esos días, apenas podía ver una semana o un mes adelante. Era como un niño inmaduro, quería jugar béisbol después del trabajo, cuidaba más mi pro- medio de bateo que mi chequera. Me preocupaba más lo que mis amigos pensaran sobre mi técnica de eslalon al esquiar sobre el agua que cómo iba a pagar el equipo de sonido que acababa de comprar a crédito. Me interesaba qué tan rápido podía ir en una motocicleta de trial en lugar de ser el mejor esposo que podía ser para Pam. Tenía prioridades, pero estaban completamente fuera de lugar.

La empresa no era un reto real para mí. Era algo mucho más personal. ¡Tenía que esforzarme para crear un nuevo yo! ¡Tenía veinticuatro años pero seguía teniendo diecisiete!
Vivíamos la existencia de los perdedores. Nuestros amigos tenían dos cosas en común: (1) todos eran personas buenas y solidarias, pero (2) todos estaban en la quiebra.
Cuando hago memoria, llego a la conclusión de que la razón por la cual apenas vivía con el sueldo era por- que sufría de una enfermedad que ahora conozco como “la enfermedad del fracaso”. Sus síntomas eran la “excu- sitis” y la procrastinación. La parte más difícil era reunir la fuerza su ciente para ganar el juego de pimpón mental que se libraba en mi mente. Tenía que elegir entre un potencial o un pasatiempo, entre ganar o desperdiciar mi tiempo.

¿Sueños? ¿Cuáles sueños?

El asombroso poder de un sueño

Cuando Pam y yo nos casamos, prácticamente no tenía ninguna visión positiva del futuro, tenía una mentalidad pesimista. Quizás había visto muchos noticiarios o leído muchos titulares sobre crisis y conflicto.
Cuando surgió el tema de tener hijos, le dije a Pam: “No creo que debamos tener hijos. ¿Por qué hemos de traer hijos a este mundo tan desordenado?”.
Mi guardarropa solo tenía pantalones vaqueros y ca- misetas. Era lo que usaba para trabajar todos los días y lo que llevaba puesto la primera vez que me presentaron la oportunidad de negocio.
Para nuestra boda, no solo tuve que alquilar un es- moquin, sino que ni siquiera tenía un traje para la cena de ensayo, así que también tuve que alquilarlo.
John, la persona que inicialmente me habló acerca de la nueva empresa, me dijo: “quizás debas usar una corbata para la próxima reunión”. Eso fue más que una sugerencia. Él quería que la empresa estuviera bien re- presentada. Lo pensé por un momento y respondí: “bueno, tengo una de sujetar”.
“Con esa bastará”, dijo.

La corbata de sujetar me la habían dado cuando trabajé para una empresa de control de plagas. Era negra, con una gran termita en la parte de abajo, ¡y con un pie mucho más grande sobre la termita!

Cuando John la vio me rogó diciendo: “por favor no uses eso. Yo te traeré una mía”.
También me sugirió que usara una camisa de cuello. Afortunadamente, sí tenía una de esas.

Cuando John pasó a recogerme para la siguiente reunión, con vergüenza tuve que decirle que no sabía cómo atar la corbata, así que él se ofreció a ayudarme. No podía creer que tenía veinticuatro años y otro hombre estaba mostrándome cómo hacerlo. Él era alto y yo de baja estatura, ¡el extremo de la corbata prestada prácticamente salía de mi pantalón!


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